
Todo estaba más o menos como lo recordaba. Todo menos yo que ahora venía de visita a mi antiguo colegio guiada con el que fue mi profesor: Arturo Serna.
El mismo olor: el de la madera cuando sacas punta a un lapicero mezclado con el de comida (de ahí que la pregunta de todos los días en el
recreo fuera: "¿qué hay de comer hoy?") El mismo sonido: el de los aviones que pasan por allí ya que mi colegio:
Juan de Lanuza está en la carretera del Aeropuerto.
Sin embargo, también había muchas cosas nuevas como la nueva biblioteca y la máquina de café y bolsas de patatas (eso ha sido un SHOCK), la clase de música con ordenadores (qué vieja me he sentido cuando he visto esas pantallas...) o un laboratorio enorme. También la sala de profesores que le han quitado los estores, por lo que ahora es muchísimo más luminosa (esos pequeños detalles hacen que sientas que todavía funciona bien tu memoria...)
Por otra parte, hay zonas que siguen prácticamente intactas como mi clase de tres años (es uno de mi primeros recuerdos: el color verde de la puerta además de María José, mi primera profesora, que seguía allí pero milagrosamente mucho más joven, tal vez es que yo ya no soy tan pequeña) el recreo, los
pasillos con sus murales, las puertas y mi clase de 8º de E.G.B (por lo que me he enterado ha habido hasta quejas de los actuales alumnos ya que dicen que está muy vieja...a mi me ha parecido TODA una RELIQUIA)
Puerta a puerta recogía uno a uno los recuerdos que creía tener olvidados. Detrás de cada rincón o de cada persona que me los rescataban. Como Nati, cocinera de toda la vida, que sigue rellenando las jarras de agua y llevando el carrito de un lado para otro, que me ha recordado el
mural que antes colgaba del comedor. O Pepe, profesor de gimnasia, que ha aparecido corriendo, como siempre.
Si es que con lo
nostálgica que yo soy no sé para que vuelvo... (hemos quedado el viernes de la semana que viene)