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Zaragozando

Pablo Gargallo

por Cide Hamete

Pablo Gargallo <p> por Cide Hamete

Hace unos días recibí un escrito de mi colaborador Cide Hamete . Dice así:

"No sé cuando se publicará esto, pero quiero dejar constancia de que lo escribo el 23 de abril de 2007. Acabo de regresar de ver la exposición que de Pablo Gargallo se ha hecho en La Lonja de Zaragoza. Hoy ha sido el último día para verla, a no ser que sea prorrogada.

Me gusta mucho Pablo Gargallo. Creo que no me siento más cercano a ningún otro artista. Ni siquiera a Goya, al que no se puede dejar de reconocer su maestría en el invento de nuevas formas de expresión ni en la fuerza de sus pinturas. Pero es el de Maella un artista que me seduce y hace que me sienta realmente cercano a su forma de sentir y de admirar eso tan difícil de explicar que es la belleza y que el diccionario de la academia define como: "Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual". Intento ir una o dos veces al año al museo de Pablo Gargallo de Zaragoza y cuando algún conocido viene a visitarme desde otra ciudad, le llevo a conocer al genio de Maella.

Me gustan esos pasillos estrechos, esas habitaciones donde Kiki de Montparnasse nos seduce desde una esquina privilegiada. Precisamente la cabeza de la actriz francesa es mi escultura favorita de entre las que hay en el museo, una escultura que se puede convertir perfectamente en lugar de encuentro en un fantástico cuento de Antón Castro .

Pablo Gargallo es capaz de empezar a quitar volumen a una figura hasta el extremo de que la escultura quede definida por el vacío y no por la forma. Me fascinan sus bailarinas en las que puedes reconocer todos sus gestos, todos sus rasgos y la expresividad de su baile desde cualquier punto de vista, tan sólo mirando unas chapas dobladas habilidosamente soldadas. Esta vez me ha fascinado "El Gran Profeta", que en el museo tiene un lugar preferente que le da un halo de majestuosidad, pero que aquí te lo enfrentan cara a cara, casi a ras del suelo. Es un hombre lanzándote un grito sin más sonido que el que tu cabeza imagina al verte cara a cara con la fuerza de su gesto.

Me ha gustado también ver la interesante entrevista de 18 minutos con su hija Pierrete, a la que ya entrevistó también Antón Castro . En ella explica por qué su padre ahondaba en el estilo moderno que él inventó, lleno de vacíos y luces a la par que seguía cultivando su habilidad para la escultura de corte más clásico. Parece ser que para Pablo Gargallo, volver a lo clásico no era un descanso, como algunos parecían apuntar. Su hija lo define más bien como un control. Como una manera de no perder de vista que parte de la belleza de su obra se basa en lo que representa, y no sólo en el lenguaje que utiliza para hacerlo. No quiere dejar de entender las proporciones, de trabajar para comprender los volúmenes. Sólo así era capaz después de tener la forma en su cabeza y expresarla mediante el vacío. Me gusta mucho esa idea, actualmente en desuso, de volver al origen para ser original. No podemos olvidar que muchos de los cuadros de Goya serían imposibles si el genial sordo no hubiera empleado mucho tiempo en admirar los cuadros de Velázquez. Del mismo modo, Dostoievski habría escrito de otro modo si no se hubiera dejado fascinar por Cervantes. Me encanta ver a Quique González haciendo un dueto con Miguel Ríos por el mismo motivo. Es el roquero treintañero mamando de aquel que fue capaz de convertir en rock al mismísimo Beethoven. Eso debe de ser el arte, un camino, un recorrido por todas las eras de la humanidad que reflejen la esencia de la naturaleza humana. Detesto a Tàpies y a los que como él reniegan de todo lo anterior pretendiendo haber inventado algo bello por simple genialidad, como si cualquier cosa que hicieran estuviera tocada por una divinidad incomprensible para las personas normales. Como si un brochazo vulgar en medio de un lienzo en blanco fuera bello sólo por llevar la firma de alguien, como si en una prenda pusieramos una marca comercial en zona visible y por ese simple motivo sentara bien a todo el mundo. Qué ridiculez. Ante eso, la única lucha posible es la belleza. Ver las esculturas vacías de Gargallo, la quietud de los cuadros de Hopper, la energía de las pinturas negras de Goya, escuchar el violín de Jascha Heifetz,...

Tengo ganas de ver cómo queda el museo Pablo Gargallo tras la remodelación. Para eso queda un año más o menos. ¿Dónde colocarán ahora la cabeza de Kikí de Montparnasse? ¿Será igual de seductora en su nueva ubicación como lo ha sido en la esquina en la que estaba? ¿Respirará mejor la escultura de Urano? ¿Tendrá el museo ahora una distribución por épocas? ¿O por estilos? Espero que la ampliación permita ver mejor toda la obra y que con el tiempo se pueda ampliar la colección. Ya estoy ansioso por asistir a la inauguración.

PIE DE FOTO ZARAGOZANDO: El Gran Profeta de Pablo Gargallo

AQUÍ otro artículo dedicado a Kiki Montparnasse de Cide Hamete.

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1 comentario

Irenia -

A finales de enero visité esta misma exposición en La Pedrera de Barcelona. Me quedé impresionada con la manera en que Gargallo crea el volumen a partir del vacío, cómo trabajando desde el arte figurativo rompe con él para crear algo nuevo que emociona y no deja indiferente. En todas las visitas que he hecho a Zaragoza, no sé porqué, nunca he ido al museo de Pablo Gargallo, con lo que esta exposición aún me parecía más interesante. Había visto obras del escultor en libros, pero nunca las había contemplado al natural. Las vanguardias, aunque Gargallo no es exactamente un escultor de vanguardia, partían del arte figurativo para crear algo nuevo que tenía mucho que decir y rompía con el pasado que, supuestamente, querían superar por considerarlo acabado y sin nada nuevo que aportar; véase el cubismo, por ejemplo. Aunque su referente solían ser los clásicos. Picasso, por ejemplo, se pasó días delante de "Las Meninas" estudiando el cuadro y, de ese análisis, nacieron una serie de interpretaciones de la obra de Velázquez que nada tienen que envidiar a "Las Meninas" originales. A principios del siglo XX se intentaba transformar el arte partiendo de él, bebiendo de sus fuentes y hombres como Gargallo lo consiguieron con creces.
Espero visitar el museo de Gargallo cuando lo reabran. Será un placer volver a reencontrarme con "Las bailarinas" "Kiki de Montparnasse", "Greta Garbo" o el espectacular "El gran profeta".
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